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Haddharamma

Farenheit 9/11

Farenheit 9/11

¡Niños y niñas! ¡Padres y abuelos! ¡Señoras y Caballeros! ¿Cansados de los payasos de la tele? ¡Bienvenidos al maravilloso mundo del circo de los políticos! Con sus increíbles números de acrobacias mediáticas, sus sensacionales campañas electorales, sus misteriosas tramas de poder y dinero, sus intrincadas manipulaciones malabarísticas, sus arriesgadas mentiras y sus divertidas bufonadas ante los medios. Podrán ver todo esto y mucho más en Farenheit 9/11. ¡No se la pierdan, amiguitos!

Anoche fui con Inma a ver el último documental de Michael Moore. Tenía bastante espectación, después de la polémica mediática que le ha precedido. Me esperaba un folletín anti-Bush lleno de verdades y con rigor, pero algo aburrido. Pues no, lo que más me ha sorprendido una película con un hilo narrativo que va contando una historia, que mantiene muy bien el ritmo, alternando momentos de humor, cinismo, denuncia, crudeza (especialmente los muertos y heridos iraquíes). Además de informar, entretiene al espectador durante las dos horas que dura. Una película documentada, un documental que narra una historia.

Michael Moore ha tenido el valor de ser crítico con su país, escarbar en los basureros que los americanitos de a pie ignoran porque prefieren mirar para otro lado, y evidenciar la miseria de su clase política. Por supuesto está por ver si todo lo que denuncia es cierto, dice tener documentos que corroboran todas las acusaciones. Los republicanos se han querellado, aunque probablemente sean los que más tienen que perder metiéndose en un juicio en el que los documentos de Moore podrían convertirse en pruebas, y podría derivar en una investigación contra ellos. Si el boomerang no golpea su presa, se vuelve contra quien lo lanzó.

No sólo tiene mérito contar lo que cuenta (teniendo en cuenta que en EEUU, al contrario de lo que siempre están proclamando, hay muy poca libertad de expresión, cualquiera que se aleje demasiado de la corriente principal de pensamiento políticamente correcto es tachado de fanático antiamericano e ignorado), sino que además es un buen documental cinematográficamente hablando, bien contado con algunos golpes de humor delirantes y magistrales: ¿a quién se le ocurriría irse a la puerta del Congreso a repartir folletos de la Marina para intentar convencer a los congresistas de que alisten a sus hijos? (El Congreso ha mandado más de 200.000 soldados al golfo, pero sólo uno de los congresistas tiene un hijo en la Marina). Y el golpe final es sencillamente magistral.

Ojalá los americanitos presten atención a este ejemplo de autocrítica y abran los ojos acerca de lo que sus políticos llevan haciendo un siglo con el mundo (es decir, invadiéndolo para hacer negocios; eso sí, siempre en nombre de la Libertad y los Supremos Valores Americanos), y arruine las posibilidades electorales de los republicanos.

Aunque lo más probable es que la crudeza y lucidez de la crítica se le atragante a un pueblo que aún cree vivir en Disneylandia, todavía hipnotizado con el manido sueño americano, y nada acostumbrado a que le cuenten la verdad acerca de qué va en realidad el cuento. La mayoría de los conservadores (y la mayoría de los americanos son muy conservadores, teniendo en cuenta que incluso su partido más progresista, el Demócrata, se sitúa a la derecha del PP español) difícilmente se tomarán la molestia de ir a verlo y al final sólo convencerá a los convencidos, como pasa siempre con estas cosas. ¿Quiénes prestamos atención aquí al documental Hay motivo contra las miserias del gobierno del PP?

Habrá que conceder un voto de confianza al pueblo americano, a ver si esta vez demuestra estar a la altura de la que siempre presumen, y abren los ojos por una vez.

No hay verano que se precie sin sus correspondientes ejercicios espirituales. No me faltéis.

En la mesita de noche... S O L A R I S

En la mesita de noche...  S O L A R I S

Acabo de terminar "Solaris", obra maestra del maestro ruso/polaco de la literatura de Ciencia Ficción Stanislaw Lem. Una reflexión sobre la imposibilidad de la comunicación con una civilización alienígena radicalmente distina (ríase de los encuentros en la tercera fase). La obsesión por comprender una compleja y misteriosa entidad extraterrestre conduce a los miembros de la estación científica a la ansiedad por comprenderse a sí mismos y superar sus propios abismos. Una vez más Lem juega con el concepto de realidad con la facilidad con que que un trilero veterano embauca a un incauto, para acabar profundizando como siempre en la naturaleza humana a través de sus infinitos espejismos.

Se han hecho dos versiones cinematográficas de este libro. La primera, que no he visto, y al parecer la mejor (a pesar de la precariedad de medios): "Solyaris" (1972), de Andrei Tarkovsky. Una rara avis en la filmografía soviética, que despreciaba el género de ciencia ficción por considerarlo un mero entretenimiento tonto para las masas simples.

La segunda versión: "Solaris" (2002), dirigida por Steven Soderbergh. A pesar de ser una producción americana sobresale claramente del montón de basura habitual que nos vienen vendiendo desde Hollywood. Ésta sí que la he visto y me parece versión digna, a pesar de las críticas que ha recibido. Cambian bastantes cosas, sobre todo el final, que aun así me gustó bastante. La fotografía es preciosa, con claras reminiscencias estéticas a 2001 (y más que intentar disimularlo, parece que lo hayan hecho con plena intención, casi como un homenaje), el ritmo está conseguido, y la actuación resulta creíble (tratándose de una historia difícil). Es más, es la primera vez que veo a George Clooney defender con cierta soltura un papel. Parece ser que Clooney estuvo también involucrado personalmente detrás del proyecto, impulsándolo para sacarlo adelante.

Volviendo al libro me parece una de las obras imprescindibles de la Ciencia Ficción (Con Mayúsculas; no confundir con las pelis de peleas y explosiones en el espacio, subgénero de acción que suele hacer apropiación indebida del término). A fin de cuentas el objetivo de la [PURIST MODE ON] verdadera C&F es emplear la imaginación sin límites convencionales para inventar historias nuevas, imposibles en los géneros clásicos más que trillados [PURIST MODE OFF]. Y desde luego Lem lo vuelve a conseguir con este libro.

Lectura recomendada para el verano. No vale saltársela, que luego pregunto en el examen... ;^)

Hace calor. Afortunadamente.

Hace calor. <i>Afortunadamente.</i>

Leyendo este artículo en la bitácora de mi amigo Epaminondas Pantulis acerca del emblemático cartel (un icono extinguido de antaño en los bares malagueños), me animé a continuar su reflexión escribiendo un artículo aquí, en mi bitácora.

Más de una vez me hice las mismas preguntas que Epaminondas cuando al encontrarme con el anuncio del gordo sudoroso con su cerveza Victoria Malagueña y Exquisita. Y también comparto algunas de sus reflexiones: el gordo está sudando de calor, pero a pesar de ello parece contento. Lo lleva bien. Antes la gente asumía el calor del verano y el frío del invierno con la misma naturalidad que la luz del día y la oscuridad de la noche. ¿Acaso lo terrible sería que no hiciera calor en verano y frío en invierno?

La sociedad occidental continua su proceso de desnaturalización. La civilización urbaniza la naturaleza, es decir, la entierra bajo asfalto y hormigón, la esconde y la olvida, pero lo hace convencida de que no se trata de abandono, sino superación. También la carboniza con los icendios forestales, la envenena con los aznalcóllares de turno, y la malvende por unas pocas monedas de oro (de la boda real, eso sí, que tienen más glamour artificial). Pero todo esto da igual porque ya está olvidada.

La naturaleza estorba. Hay que luchar contra ella, vencerla, superarla. Por eso ahora el calor del verano y el frío del invierno molestan, van contra la naturaleza (humana, claro). ¡Qué ofensa! Nosotros aquí civilizando el mundo y la naturaleza tan desconsiderada resistiéndose con sus ciclos y demás puñetas. Los aires acondicionados y calefacciones que se han hecho tan populares en los últimos años no son sino un paso más de desnaturalización, igual que comer en un MacDonalds: ¿dónde está la carne, y lo qué es peor, con qué residuos la han fabricado? Pero da igual: la imitación de lo natural es superior a lo natural, la raza humana es superior, su infinita capacidad de estupidez la aupa a un escalón superior al resto de los animales con su obsoleta naturaleza.

Conseguir un objetivo difícil sin realizar ningún esfuerzo es lo verdaderamente natural. Podemos disfrutar de potajes y caldos caseros de la abuela enlatados y de preparación instantánea, conseguir musculaturas portentosas y adalgazamientos estilizantes en dos semanas sin sudar gracias a nuestro Ortopedic-o-Matic, y bronceados playeros en 30 minutos gracias a nuestro Death-Rays-Solar-Grill, hacer footing o bicicleta sin movernos de la salita del televisor gracias a nuestro Armatost-Enormatic. El color natural del cabello a los sesenta años es el negro-azabache-Grecian-2000, y no esas canas que te hacen aparentar la edad que tienes. Las arrugas no reflejan los años de experiencia, sino la imperdonable dejadez por no combatirlas durante años con potingues y operaciones.

Tómese cualquier alimento, elimínese una parte esencial y nos quedaremos con su verdadera esencia urbana: lo light. Tomamos golosinas sin azúcar, bebidas alcohólicas sin alcohol, frutos transgénicos sin hueso, mayonesa sin huevo, leche deslechada, tabaco sin nicotina y nicotina sin tabaco.

Lo artificial es mejor y eso no se discute. Es mejor la hamburguesa del MacDonnalds, aunque para encontrar la carne haya que encargar un análisis químico a un laboratorio. Es mejor ir estresado circulando en coche (circulación: breve intervalo anómalo entre dos estados estables de atasco), que ir andando disfrutando del paseo. Es mejor aniquilar el silencio de la noche con los estruendos lanzados desde los equipos de ruido (hay quien dice música) de coches maquineros y vecinos que tienen el detalle de imponernos sus gustos. Y por supuesto es mejor pasar frío en verano poniendo el aire acondicionado a 15ºC, y pasar calor en invierno con la calefacción a 30ºC.

Volviendo al cartel que originó toda esta reflexión, sinceramente: el icono del gordo pasando calor me parece un monumento a la sabiduría: ese señor pasa calor y no se amarga por ello, al contrario, disfruta de las cosas del verano. Como se disfruta de la luz de un domingo por la mañana; y de la tranquila intimidad de la oscuridad nocturna.

Hace calor porque es verano y toca. ¿No es estupendo?

¿Te acuerdas?

¿Te acuerdas?

De un tiempo a esta parte me ha dado por la nostalgia. No porque mi vida sea melancólica y me parezca mejor cualquier tiempo anterior, sino porque me gusta ejercitar la memoria y revivir las cosas que me hicieron vivir hace años.

Hace tiempo que descubrí este sitio en Internet, dedicado a la nostalgia de la infancia y adolescencia de nuestra generación (los que tenemos treintayequis). De los varios que he encontrado, éste es el más completo con diferencia. Tiene un montón de secciones sobre series de TV, tebeos, juguetes, cromos, anuncios, canciones... ¡hasta las golosinas! Todos los elementos más emblemáticos que poblaban nuestra infancia. Además crece continuamente con nuevas entradas.

Un sitio perfecto para cuando estás aburrido, sin nada que hacer, y te apetece encontrar algo distinto en Internet.

¿Te acuerdas?

En mi mesita de noche...

En mi mesita de noche...

... y a punto de acabarlo: "Cuentos de la Tarberna del Ciervo Blanco", de Arthur C. Clarke. Un libro con cuentos cortos entre ciencia ficción y el relato fantástico, un género que se le da muy bien al maestro Clarke. Mi recomendación para amenizar un mes de junio caluroso.

Próximamente en esta sala: "Solaris", de Stanislaw Lem.

Penca Session

Penca Session

Por una vez he sido yo quien ha molestado a mis vecinos, y no al revés. Anoche celebramos una fiestecita en mi casa. Una "Penca Session" o "Penca Festival". Os cuento.

Siempre he sido bastante friqui de mis cosas. Ciencia ficción grasienta, tecnofilia, la cruzada del software libre... estos son algunos de mis nichos de friquismo, además de mis manías fóbicas. Desde que empecé a salir con Inma también he ido absorbiendo parte de su friquismo. Caspa sesentera profunda: Rocío Dúrcal, Sor Citroen y Sor Ye-Ye; caspa calentona de los setenta: Abba, Raffaela Carrá y Camilo Sesto; la música gay-petarda: Fangoria y Paco Clavel... En vez de equilibrarme y desradicalizarme en mi friquismo, empiezo a simpatizar con otros núcleos, alejándome aun más del "centro". [Que por otra parte debe de estar muy abarrotado porque de un tiempo a esta parte todo el mundo dice ser de centro. especialmente los conservadores.] Pero no nos desviemos.

Desde que me muevo por los interneses con ADSL me he dedicado con entrega a la caza de canciones siempre quise tener, fundamentalmente éxitos de los 70, 80 y 90, música de cine y sintonías de TV (especialmente programas infantiles). Inma ha visto el cielo abierto y ha ido sumando sus encargos, con lo que he ido familiarizándome también con su friquismo musical.

Hace tiempo que teníamos ganas de compartir con el resto del mundo el botín con que hemos ido reuniendo, y que voy guardando bien clasificado bajo una carpeta llamada mitessoro. Inma es muy social y se mueve en múltiples círculos de amistades. En el que mejor me integro y con el que mejor me lo paso, es en el círculo gay, que comparten con ella muchas referencias friquis. A esta actitud ellos lo llaman "ser penca". Es difícil definirlo formalmente, se comprende mejor viviéndolo y compartiéndolo en directo. Incluso tienen su propia terminología para llamarse entre ell@s: PencaMari, PeassoPenca, PencaMadre... Inma es PencaPower.

Así que convocamos a todo el entorno penco para una "Penca Session". La idea era quedar para cenar en mi casa, empezar a calentar el ambiente con el DVD de vídeos musicales del último trabajo de Fangoria, y luego hacer un repaso por toda la movida musical penca que hemos recopilado.

Nunca fue mi intención acabar armando jaleo en horas intempestivas, pero entre que quedamos tarde y la cena, acabamos pasadas las dos de la noche, y puedo estar seguro de que por una vez (aunque sin intencionalidad) he sido yo quien ha acabado molestando a los vecinos con mis ruidos.

Sólo espero que el tarado de enfrente que me martiriza todas las noches con una sesión decibélica de tralla discotequera, no se tome esto como una licencia para cometer aun más excesos. Aunque este es un tema muy serio (tanto que me temo que tendré que acabar denunciándolo en el juzgado). Quizá lo cuente otro día...

Hasta otra, penco-nautas.

Cine, cine, cine, cine, más cine por favor...

Cine, cine, cine, cine, más cine por favor...

El lunes fui con Inma a ver Van Helsing, así que mi recomendación cinéfila de la semana es Ladykillers, la última comedia de los hermanos Cohen. Remake de un magnífico clásico imprescindible homónimo de 1955 (aunque en España se estrenó como "El quinteto de la muerte", con Alec Guiness y Peter Sellers.

No es ninguna obra maestra, desde luego, pero dada la flojera raquítica de la cartelera es de lo mejorcito que se deja ver. Una elegante comedia negra refrescante para el verano, mezcla de humor surrealista y negro, que casi alcanza algunos momentos brillantes. Encuentro reconfortante, en estos tiempos de superficialidad y banalidad en que la comercialidad asfixia a Hollywood, poder disfrutar de historia basada en buenos diálogos.

De los actores sólo conozco a Tom Hanks, y me parecen todos bastante creíbles en sus papeles. Siempre que uno esté dispuesto a tomarse en serio un disparate de este tipo (ya se sabe, los géneros, como los colores, son cuestión de gustos). Encantador el papel del gato Piñones (para quien no me conozca, he de confesar mi debilidad por los mininos), causante de algunos giros claves de la historia.

La principal flaqueza de la película es que no pasa de ser un remake colorido que no aporta mucho al original. No pasará al recuerdo, desde luego, entre las mejores obras los Cohen, que ni siquiera han aportado esta vez una de sus originales historias de cosecha propia. Pero si alguien puede mejorar la apuesta de entre la oferta veraniega de la cartelera, que me lo cuente dejando un comentario.

De Van Helsing [sitio oficial] no cuento más porque hoy estamos hablando de cine. Si estuviéramos hablando de cómic, alegaría que me han gustado la estética, la fotografía y sobre todo los decorados. De la historia original ni hablamos. Si alguien reconoce alguna reminiscencia en la película, puede considerarlo un gazapo accidental de los guionistas. Eso sí, los efectos visuales son impactantes, el ritmo trepidante, los diálogos de garrafón y el argumento... aún no lo han escrito. Ya se sabe, con las prisas siempre hay algo que se olvida. Quizá para la próxima vez. Porque si le funciona la taquilla, seguro que perpetrarán una secuela.

Si Bram Stoker y Mary Shelley levantaran la cabeza...

Atún y chocolate

Atún y chocolate

Atún y chocolate. Un delicioso disparate de Pablo Carbonell, orquestado con salero con María Barranco, Pedro Reyes y Antonio Dechent. Una historia Berlanguiana sin Berlanga. Una invitación a reirse un rato sin necesidad de idiotizarse primero. Una paseo por el otro lado del Spañavabien.

Un apacible paseo dominical por el infierno

Un apacible paseo dominical por el infierno

Elena es ukraniana, hija de un Físico nuclear que trabaja haciendo investigaciones sobre los efectos de la radiación a largo plazo. Y entre sus aficiones está darse paseos por el área contaminada de Chernobyl montando una moto de gran cilindrada.

Ghost Town

No tiene ninguna vocación suicida. Al parecer la radiación es un riesgo controlable, o al menos medible. Además de llevar un contador geiger, se mueve zonas más o menos transitables, si uno sabe reconocerlas. Según cuenta, la contaminación radiactiva no se acumula uniformemente: la madera la absorbe como una esponja, en cambio el asfalto apenas la retiene, por eso las carreteras son relativamente seguras. Mientras circules por el centro de la calzada; en las orillas el nivel de radiación se dispara por la proximidad de la vegetación. El otro factor determinante es el tiempo de exposición: no es lo mismo un rápido paseo matutino de tarde en tarde que vivir de permanentemente en el lugar.

Elena relata hechos interesantes. Tras el accidente, muchos de los hombres que fueron reclutados al estilo soviético (es decir, a la fuerza) para limpiar los escombros de la zona cero (el reactor que se fundió) y construir el sarcófrago de protección, murieron o enfermaron gravemente en las semanas, meses o años posteriores. Los bosques rojos de alrededor del reactor son llamados así por la luz con que refulgían las noches posteriores al desastre, como si se tratara de un capítulo de Los Simpson.

La ciudad fue desalojada con celeridad, aunque 10 días tarde (muchos ya llevaban niveles de radiación fatales acumulados en sus cuerpos), y los habitantes fueron obligados a abandonar todo lo prescindible, ya que todo estaba contaminado. Entiéndase por "prescindible" absolutamente todo (menos el propio cuerpo, claro), hasta las ropas con que se marcharon. Lo que se dice quedarse sin nada en su sentido más literalmente crudo.

De los 4000 habitantes de pueblos de la zona que decidieron quedarse (en su mayoría campesinos ancianos, que preferían morir de enfermedad en su tierra a morir de melancolía en un hospital) apenas sobreviven unos 600.

Me ha sobrecogido la descripción del silencio y soledad en las ciudades abandonadas. Al alejarse de toda civilización hacia el núcleo de la zona cero, se van encontrado cada vez mejores carreteras e infraestructuras, a la par que mayor soledad y silencio. Incluso para un amante del silencio como yo debe de ser estremecedor, casi terrorífico.

En resumen: un paseo sobre las luces y sombras de la civilización humana, un museo congelado de lo que fue la sociedad soviética, sobre todo sus miserias.

Sin tan sólo fuéramos capaces de aprender la lección que nos enseñan los grandes errores, qué distinto sería el mundo...

Aquellos ¿maravillosos? cacharros

Aquellos <i>¿maravillosos?</i> cacharros

Vagabundeando hace unas semanas por una librería de segunda mano, me topé con una Computer Buyer's Guide del año 88, una guía del comprador americana, con más de quince años. Por sólo cincuenta céntimos me embarqué en un viaje a la nostalgia con todos los gastos pagados.

PCs de IBM y compatibles de marcas olvidadas pero que entonces eran una referencia, como Tandon o ALR. XTs con un 8088 a 4,77 u 8 MHz, ATs con 80286 hasta 12 MHz, y las estrellas del firmamento de entonces: los 80386 hasta 25 MHz, sólo para profesionales tan exigentes como solventes. Era una época en la que los ordenadores más potentes se diseñaban exclusivamente al trabajo serio, y los más antiguos y modestos se destinaban al mercado doméstico y/o de ocio adolescente. Justo al revés que ahora.

Portátiles con CRT incorporado (LCD en los más avanzados, que curiosamente tuvieron poco éxito) que pesaban bastantes kilos. Impresoras matriciales de 9 agujas (24 para los más afortunados), que con el tiempo se descubriría que eran indestructibles (pobre negocio para los fabricantes, que aprendieron la la lección y ahora venden chismes de altas prestaciones a precio de ganga que duran tres cartuchos). Módems de 300 a 2400 bps.

Apple IIe, Macintosh Plus, SE y II, Atari 520ST y 1040ST, Commodore Amiga 500 y 2000, e incluso los veteranos C64 y C128. Ahora, mirando hacia atrás, está claro que el PC compatible acabaría machacando a todos los contrincantes (excepto los Macintosh, y de todos modos los arrinconó a un pequeño nicho de mercado), pero entonces las diversas plataformas (con hardware, software, filosofía y gamas de periféricos propios) pujaban por hacerse con un sector de usuarios. Por ejemplo, durante muchos años los Atari 520 ST (después serían los Macintosh) dominaban casi con exclusividad el mundo las aplicaciones musicales, porque eran los pioneros en incorporar de serie el interfaz MIDI, además de tener capacidades de sonido, música y gráficos muy por encima de la media de la época.

Por aquel entonces yo tenía un Amstrad CPC 464 con monitor de fósforo verde. Regalo de reyes del 85, con su Zilog Z80A de 8 bits a 4 MHz, 64 KBytes de RAM y unidad de cinta integrada, por aquel año 88 en el que yo entraba en la Facultad de Informática ya estaba desfasado. En el verano conseguí la unidad de disco FDD-1, que usaba discos de 3 pulgadas más o menos similares a los actuales de 3 pulgadas y media, aunque eran de baja densidad y podían almacenar sólo 180 kbytes por cara (había que darles la vuelta porque la unidad tenía un sólo cabezal), y eran bastante caros y difíciles de encontrar. No me salió gratis: la conseguí a cambio de renunciar al viaje de fin de curso de COU. Ya entonces prefería quedarme en casa encerrado y trastear con cacharros que viajar y relacionarme con gente normal. Fui un friki precoz.

Aquel equipo tenía un punto fuerte muy interesante: junto con la unidad de disco venía el sistema operativo CP/M 2.2 de Digital Research, un sistema operativo profesional que había tenido éxito a finales de los 70 y principios de los 80 entre los micros profesionales, y había encontrado una segunda juventud como sistema serio para los microordenadores domésticos como el Amstrad CPC. Conseguí algunas versiones de evaluación de joyitas como el mítico WordStar o un compilador de Pascal, con el que llegué a hacer algunas de las prácticas de la Universidad.

Pero la versión 2.2 de CP/M tenía un pequeño inconveniente que lo limitaba engorrosamente. Cuando se cambiaba el disco en la unidad (o se le daba la vuelta, que para la unidad era lo mismo) había que pulsar ^C para que lo reconociera. Si estabas dentro de una aplicación editando un documento, e intentabas guardarlo en un fichero en otro disco, daba un error, abortaba la aplicación, y a tomar polsaco el documento. Si pulsabas ^C desde dentro de la aplicación, la abortaba. No había alternativa: esto te obligaba a guardar los ficheros en el mismo disco que la aplicación que los manejaba. Un día, tras dos horas picando y depurando un programa en Pascal para una práctica, se me olvidó este detalle y cuando fui a grabarlo en otro disco perdí todo el trabajo. Pillé tal cabreo que no volví a usar aquel ordenador para nada serio. Fue su sentencia de destierro.

Hasta el 1990 no llegaría a mi vida el AT, un 80286 de AMD a 16 MHz con 1 MByte de RAM, disco duro MFM de 40 MBytes, tarjeta de vídeo dual Hercules/CGA y monitor de fósforo blanco "paper white". Todo de marca Supermicro, que no era más que un ensamblador de componentes clónicos. Por entonces las tiendas no eran los montadores finales de equipos, sino que los compraban a supuestas marcas que no eran en realidad más que importadores/ensambladores. Lo que, por cierto, siguen siendo hoy en día algunas de las marcas supuestamente reputables como Inves.

Para terminar incluyo un par de enlaces relacionados. RetroInformatica.Net es un museo virtual de la colección particular de un amigo. El segundo es un sitio bastante completo con docenas de modelos que se ganaron su lugar en la historia: OLD-COMPUTERS.COM.

Con esta entrada queda inaugurada la nueva sección de Nostalgia, que espero que se convierta en una motivación para publicar más a menudo en esta bitácora.

Un chiste con nostalgia

Un chiste para los nostálgicos de la retroinformática:
Carnet de conducir

(Cortesía de SPECCY.ORG)

Aquellas viejas casas abandonadas

Aquellas viejas casas abandonadas

Como continuación del artículo anterior, hoy hablaré de mis exploraciones cuando era niño.

Hacia los 9 años me mudé a una urbanización que estaba empezando a edificarse. Se vendían los terrenos para que uno se hiciera su propia casa -ríete del bricomanía-, así que aquello era un campo salpicado de casas aquí y allá, la mayoría a medio construir. Casi todos los propietarios eran asalariados de clase obrera -algunos obreros de la construcción y otros sencillamente manitas de fin de semana-, que se iban construyendo su propia casa a ratos, algunos con la sola ayuda de su familia.

Muchas casas estaban habitadas, a pesar de su precariedad y los fines de semana los dedicaban a seguir construyendo más cachos de la casa. Otras eran construidas por encargo para sus dueños, que vivían todavía en otro lugar. Entre semana solían estar completamente desiertas. Y una obra a medio hacer puede ser también un reto de exploración inquietante. En una ocasión estaba jugando con unos amigos en una de estas obras, cuando apareció el dueño enfadado como si lo llevaran los demonios. Salieron todos corriendo y me trincó a mi. Me llevó a empujones ante mis padres, aunque realmente no habíamos estado haciendo nada malo ni rompimos nada. Por una vez no recuerdo que me cayera ningún castigo, y francamente tampoco creo que lo mereciera.

Había muchas oportunidades sugerentes por los alrededores. Las ruinas de alguna granja aquí, de un cortijo allá. Me gustaba imaginarme historias acerca de ellas. A veces sólo intentaba imaginarme cómo habrían sido en el pasado mientras estaban habitadas. Otras veces proyectaba mentalmente escenarios totalmente distintos. Por ejemplo, la granja no era una granja, sino una nave espacial. El extremo mejor conservado sería el puente de mando; los restos de la nave principal, la bodega de carga; y los arcos bajo ésta, los alojamientos de los motores.

Por la zona había minas de agua, que vienen a ser pozos, pero excavados en galerías horizontales en vez de verticales. Hacía años que estaban secos (y malolientes), y la mayoría de ellos no conservaban la verja que debía cerrar su entrada. Algunos amigos fueron de excursión a explorar un par de ellas; yo nunca me atreví.

También había junto a la verja de mi casa una pequeña cueva natural. Tendría la altura de un niño, y a los pocos metros se estrechaba reduciéndose a una pequeña oquedad. La leyenda local decía que estaba comunicada con una abertura en el suelo, cerca de la base de la atalaya de origen musulmán a un kilómetro de distancia, y que servía para que los moros pudieran huir por ahí y escapar por la cueva si los atacaban los infieles cristianos. Hay quien contaba que algún conocido suyo (siempre terceros de terceros) había realizado la travesía completa, introduciéndose por un extremo y saliendo por el otro, pero dudo que hubiera nada de cierto en aquello. Supongo que ambas oquedades acabarían por cerrarse por completo un poco más adentro, salvo tal vez alguna grieta por la que pudiera fluir el agua. Alguien acabó por comprar el terreno para construir una casa, y para excavar los cimientos tuvieron que destruir la cueva.

Recuerdo muy vagamente una excursión la zona llamada "de Fuente Alegre", no sé si con amigos o acompañando a mis padres, en la que descubrí una pequeña fábrica abandonada. Supongo que se trataba de una envasadora de agua, o refrescos carbonatados. Entre otros detalles, el suelo estaba lleno de chapas de botellín de color celeste, que debía ser el color emblemático de la marca, porque recuerdo que había puertas y otros elementos pintados del mismo color.

Bueno, hasta aquí mis recurdos. ¿Alguien más, aparte del valiente de Arthur, se anima a contarnos los suyos?

La vieja casa abandonada

La vieja casa abandonada

Juguemos a un juego que yo me sé.

Recuerda cuando eras un niño. Alguna tarde aburrida cualquiera, dando un paseo con los amigos, sin nada que hacer. Vagáis por algún solar de los alrededores, buscando alguna aventura con la que auyentar el tedio. No os apetece jugar al fútbol, ni a ninguno de los juegos habituales.

Pasáis cerca de una vieja casa deshabitada, o una fábrica abandonada, o tal vez un edificio a medio constuir. Alguno de los amigos -o tal vez tú mismo- propone entrar. Tenéis miedo, pero nadie demostrarlo echándose a atrás. Además, la curiosidad es poderosa, y gracias a la excitación del subidón de adrenalina el aburrimiento ha sido desterrado por esa tarde.

La primera dificultad obvia -la de entrar-, queda pronto despejada al descubrir que la verja se abre con sólo empujarla, o que hay un hueco al otro lado de la valla por el que colarse fácilmente.

¿Entras?

Hay adultos que siguen conservando algo de la magia de la infancia. ¿Qué son las aficiones, sino pequeños permisos de libertad para divertirnos como niños? Aquí tienes una oportunidad de vivirlo sin riesgo de que te pillen, ni de perderte, ni de caerte por algún agujero o quedarte atrapado. Sin tener que aguantar malos olores, ni bichos, ni lluvia, ni frío. Sin mancharte la ropa. Y sin moverte del sillón de casa.

abandoned-places.com

¿Nunca te ha fascinado descubrir qué esconden los viejos edificios abandonados? Casas, fábricas, colegios...? ¿Nunca, de niño o adolescente, has vivido una aventura similar?

Anda, deja un comentario y compártelo con el resto del mundo... 8^)

Zensation

Zensation

Hace poco Inma me propuso ir al Gran Circo Nacional Chino. El anónimo lector seguramente estará pensando lo mismo que dije yo: "¿Al ciiiiirco? ¿Y encima chiiiino?".

Nunca me ha llamado la atención el circo. Y lo primero que huele a fiasco es el nombre. Lo del Gran Circo Nacional Chino me sonaba al "Circo Chino de Manocita Chen", que tenía de chino lo que Manolita de mujer. En general todos los circos siempre son internacionales, aunque nunca hayan cruzado Despeñaperros. Nunca oirás hablar del Gran Circo de Albacete, pero sí he visto muchas veces carteles del Gran Circo Americano, y el Gran Circo Internacional, que tenían toda la pinta de ser más ibéricos que el botijo.

La mayoría de los circos están orientados a los niños, que son los que se tragan el anzuelo y acaban arrastrandi a los padres. Por eso los circos suelen valerse de algún gancho infalible, imitaciones sospechosamente cutres de de algo de moda como (en su época) los combates de naves de la Guerra de Las Galaxias (con una pinta tan sospechosa que ni aun siendo yo un crédulo pubescente lograron hacerme picar), o más recientemente los "auténticos" Teletubbies (previsiblemente tan auténticos como el Yogur Griego de Danone).

De niño me encantaba el programa de Los payasos de la tele, presidía la tarde del sádado y lo esperaba con ilusión toda la semana. Pero no precisamente por los numeritos de acrobacias circenses, que me aburrían y me parecían siempre lo mismo. Los soportaba con impaciencia porque detrás venía el sainete de los payasos, que era la chispa y la estrella del programa. Recuerdo vagamente que una vez mi abuelo me llevó a un circo pequeño (cómo sería que aun siendo un niño impresionable ya me pareciera pequeño), pero no durante la función, sino antes. Me compró un muñeco del payaso Fofó con un saxofón que pitaba de verdad. Me pregunto qué sería de él... (¿Andeandará?).

Superada la infancia, el circo siempre me ha evocado una imagen decadente. Números de acrobacia manidos, mil veces vistos en televisión; animales denigrados en espectáculos humillantes, y mantenidos en unas penosas condiciones por las estrecheces económicas; ese triste testimonio de Ángel Cristo, que se lo comían los leones tan pronto volvía a la jaula tras salir del hospital (tal vez huyendo de las "leonas" y buitres que lo acechan fuera).

Pero quizá lo que más me deprime del circo tradicional es el trato a los animales. Siempre me he negado a contemplar cualquier clase de exibición que suponga directa o indirectamente maltrato a animales. Y para éstos el circo debe de ser infierno en la Tierra (con la excepción de los Toros, que tienen su circo romano especializado en las plazas). Humillados en espectáculos que los ridiculizan, encarcelados en jaulas claustrofóbicas, malnutridos y enfermos, careciendo de los cuidados veterinarios e higiénicos que necesitan, y lo más triste: maltratados de forma sistemática en virtud de su "entrenamiento". Son muchas las asociaciones de animales y zoos que, tras aceptar acoger un animal abandonado por un circo, denuncian el dantesco estado en que les llega. A veces lo único que pueden hacer por ellos es proporcionarles una muerte digna. No tengo palabras para describir este horror.

Para completar el cuadro surrealista de decadencia, una historia familiar: una tía mía se casó con un acróbata. Se conocieron en el Tivoli World (otro rincón de decadencia, entonces en su esplendor) donde ella trabajaba de telefonista y él fue a hacer unas actuaciones con un número de lanzamiento de cuchillos. Había trabajado en un circo, donde también aprendió a hacer acrobacias en el trapecio. Hasta llegó a actuar en el programa de Íñigo haciendo de extra, en el papel de un Gran Jefe Indio cabreado porque el prota bueno había seducido a su hija. Pegaba un par de carreras por la galería del piso superior del decorado, se colgaba en la lámpara de un brinco, y con una cabriola aterrizaba en el suelo, plantándose delante del prota. Ah, sí, también tenía texto: soltaba un contundente "¡Jau!", o algo por el estilo. Durante una década se dedicó a montar negocios -muy emprendedor él- en diversas actividades (desde una carnicería hasta un estudio de fotos, pasando por sacarse la licencia de piloto de avionetas), que siempre abandonaba en cuanto se hartaba a los pocos meses. Llevaba en las venas la necesidad de cambiar constantemente de lugar y ambiente, no podía estar mucho tiempo haciendo lo mismo. Un buen día acabó largándose. Dejó en la familia un recuerdo imborrable de la 'calidad personal' de la gente del circo.

Con todos estos antecedentes, la imagen que tenía del circo difícilmente podría ser más deprimente. Hasta que Inma se enteró que rondaba por aquí el Circo Chino, y me insistió en que fuéramos. Dejándome arrastrar por su ilusión fui, aunque con poca convicción.

La primera sensación que tienes al entrar es que la carpa es más pequeña por dentro de lo que te imaginas. Uno siempre tiene la imagen mental de los grandes espectáculos de circo de los años 30 y 40, con carpas inmensas, palos estratosféricos y varias pistas, como los que se veían en las películas americanas. Bueno, en realidad no me decepcionó porque ya contaba con ello. Y aquí acabaron mis reticencias.

El espectáculo nada tiene que ver con los prejuicios que yo tenía. La puesta en escena es muy artística. La armonía de danza, música y luces lo acerca más a un espectáculo de teatro. Por supuesto, hay muchas acrobacias. Y no todas son completamente originales, hay algunos números clásicos, pero en general éstas me sorprendieron tanto como la puesta en escena. Quizá por el minimalismo: hay que ver la imaginación que tienen para sacarle partido a cuatro cuerdas y tres aros. Y hay que ver la fortaleza que hay que tener para hacer lo que hacen. Además, no es lo mismo ver una pirueta en una tele pequeña mientras te tomas un refresco cómodamente repanchingado en tu sofá, que verlo en vivo a unos metros encima tuya y bajo la magia una carpa.

Van alternándose números masculinos y femeninos. En el espectáculo trabajan un montón de chinos/as (sé que son distintos, no por que fuera capaz de distinguirlos -parecen fotocopias-, sino porque salen todos juntos en un número de danza al principio), aunque evidentemente cada chino actua en más de un número. Lo cual no hace sino añadirles mérito. Hasta los niños tienen su propio número, y me impresionó por su dificultad, y lo cachas que están para lo pequeños que son. Críos de diez o doce años trepando y pegando brincos, con cuerpos pequeños pero con proporciones de adulto.

Hay un número en particular con dos parejas, en el que vuelan en una mezcla de fuerza y delicadeza, que me hizo emocionarme. El acróbata, colgado de un trapo en una postura irreal que le exige un enorme esfuerzo, parece sin embargo relajado y coge a su pareja con el gesto de quien levanta a un bebé de la cuna. La ejecución fluye con tal maestría que lo hacen parecer fácil.

El Gran Circo Nacional Chino es un circo actualizado, en la línea del Cirque du Soleil (Circo del Sol). Una evolución del concepto que mezcla arte (danza, música, puesta en escena) y circo (espectáculo, acrobacia y pirueta, sorpresa e ilusión) a partes iguales. Zensation, el espectáculo que han traído a España, ha ganado un premio en el Festival de Montecarlo, que al parecer viene a ser como los Óscar del circo.

No revelaré más, sólo me queda recomendaros que si tenéis la oportunidad, no os lo perdáis. Es un poco caro, pero merece la pena, y hay que entender que trabajan un montón de artistas y auxiliares, y eso hay que pagarlo. Cambiará vuestra visión del circo.

P.S. Releyendo el texto me he dado cuenta de que esto parece el guión de un anuncio prototípico de producto-sensación, de los que salen por las noches en televisión, en los que se muestran los supuestos testimonios personales de una serie de supuestos clientes convencidos: "Yo había probado muchos productos y artilugios para perder peso, me gasté montoooones de dinero pero ninguno funcionó. Me habían engañado muchas veces y era muy reacio a probar cosas nuevas. Había perdido completamente la esperanza, mi vida era un infierno. Pero desde que probé el sensacional 'Wonder Fat Destroyer', mi vida ha cambiado por completo. He perdido 40 kilos y ahora soy una persona feliz. Me han ascendido en el trabajo y he hecho nuevas amistades. ¡Ah!, y lo mejor de todo: ¡mi marido ha dejado de roncar! ¡Gracias, Wonder Fat Destroyer!"

Como sé que a estas alturas del rollo nadie me va a tomar en serio si intento convencerlo de lo contrario, haré de la adversidad una oportunidad, y aprovecho la ocasión para ofrecerme a los responsables de la gira del circo en España: si me lo pagan bien estoy dispuesto a repetir mi testimonio en programas de radio, centros comerciales y verbenas de barrio. ;^)

El último inmigrante

Según leo en múltiples fuentes, parece que la película El Último Samurai está basada en una historia real. A los americanos siempre les ha gustado mucho aquello de "Basada en un hecho real". Por supuesto la palabra 'basada' hay que entenderla como un pasaporte que otorga libertad a los productores para cambiar algunos detalles; generalmente aquellos detalles fundamentales que construyen la esencia de la historia.

En esta película el cambio principal es la nacionalidad del personaje: no se llamaba Mathan Adler sino Jules Brunet y era francés, no americano. Era un capitán de artillería con demostrada buena reputación, y también un hombre cultivado con aficiones como la acuarela. Fue una legión francesa la que fue enviada a Japón, a modo de asesoramiento y demostración militar, para luchar junto con un shogun contra el ejército de otro señor de la guerra, éste asesorado y equipado por americanos y británicos. La legión francesa fue pronto derrotada y repatriada. El capitán Brunet se quedó luchando con los guerreros japoneses. Al final fueron derrotados, en una batalla aún más desigual que la que se muestra en la película.

Pero Brunet no era un hombre desarraigado y sin motivos para vivir, sino un hombre con convicciones y sentido práctico, como buen militar, y antes de ser apresado huyó en un barco francés. Volvió a Francia y fue inicialmente apartado del ejercito por un consejo de guerra. Pronto Francia entró en guerra con Prusia, y como quiera que en las guerras la diferencia entre héroes y canallas suele ser sólo un matiz añadido por el cronista que lo narra, volvieron a requerir de sus servicios y de hecho llegó a ser Jefe del Estado Mayor.

Lo que me atrae de esta historia es cómo un occidental con convicciones firmes y una filosofía de vida arraigada, se encuentra con la cultura y filosofía orientales abismalmente distinta a la nuestra y queda fascinado, hasta el punto de cambiar para integrarse en aquella sociedad feudal, en un viaje personal a la par de descubrimiento y de maduración. Jules Brunet no era, como se muestra en la película, un militar asqueado de las contradicciones e hipocresías de su propia sociedad, sino un hombre cultivado con convicciones firmes y motivaciones por las que luchar. Y sin embargo fue lo bastante abierto como para no quedarse ahí, sino abrirse a un universo social, cultural y filosófico con el que se topó de repente. Iba como instructor y volvió como aprendiz.

Aquí es donde me chirriaba la historia que cuenta la película: los americanos (los anglosajones en general) no son un pueblo precisamente conocido por su apertura a otras culturas. Tienen la suya propia, desde luego, y viven muy satisfechos ignorando felizmente al resto del mundo, al que se limitan a ridiculizar en parodias superficiales. Lo ilustra muy bien Billy Wilder en la genial sátira "¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre?". Al llegar el Cónsul americano a la pequeña isla del sur de Italia, comentaba nada más bajarse del helicóptero al protagonista americano: "Estos italianos son imposibles, no hay forma de entenderse con ellos. No tengo nada en contra de que los extranjeros hablen su propio idioma, pero es que cada país tiene uno distinto. Deberían ponerse todos de acuerdo y hablar un único idioma extranjero".

Los americanos exportan su cultura como si fuera netamente superior a las demás y debiera evangelizar a éstas mediante una colonización cultural, sembrando sus filosofía de vida en otros países. Los países "extranjeros" además nos prestamos gustosos a esta extraña transacción en la que les compramos "modo de vida", como un bien con el que se comercia, y además de darles nuestro dinero olvidamos nuestras propias costumbres.

Retomando la historia que nos conduce, no me imagino a un americano, capitán de caballería y héroe de guerra haciendo justo el viaje inverso. Porque, además, el protagonista fue a Japón a trabajar para ellos como extranjero. Eso se llama 'inmigrante'. De nuevo justo al revés del flujo histórico de inmigración que llevaba a europeos y chinos a buscar la "tierra prometida" en América.

Y sin embargo y a pesar de las grandes diferencias culturales y de forma de ser que les separaba, fue aceptado e integrado en su sociedad. Y no para limpiar establos; llegó a ser la mano derecha del señor de la república de Ezo, que habían constituido los últimos samurais rebeldes. Si bien es cierto que las ayudas militares extranjeras suelen ser bienvenidas en cualquier parte en tiempo de guerra, la sociedad japonesa demostró también estar abierta lo extranjero, a lo distinto y extraño.

Esto me lleva a una reflexión final acerca del choque de culturas. La cultura española, que tiene arraigada -al menos en mi tierra- la filosofía mediterránea de la mezclase en vez de luchar, de integrar en vez de cerrarse, está empezando a perderse. Aquí en Andalucía nos ha invadido a lo largo de la historia todo el todo enemigo que se haya tomado la molestia, y es precisamente la suma de lo que ha ido dejándose aquí cada cultura, todo mezclado, lo que constituye nuestra actual cultura mediterránea.

Después de siglos de enviar emigrantes a medio mundo, ahora que empezamos a alcanzar cierta prosperidad nos cerramos al extranjero inmigrante, lo apellidamos como ilegal. Nos volvemos una sociedad conservadora. Esos sudamericanos que ahora ridiculizamos fueron los que nos acogieron durante épocas de miseria -hambruna- y persecución. Esos moros que ahora despreciamos, fueron los que trajeron la civilización y la cultura a la península Ibérica en la edad media, encumbrando a Al-Andalus como uno de los centros de conocimiento -a todos los niveles- más avanzados de su época, cuando los cristianos (descendientes al fin y al cabo de los bárbaros que arrasaron la civilización romana) andaban aun a cachiporrazos en luchas intestinas entre reinos de oscuridad.

No hay más que comparar la harmonía geométrica de Mezquita de Córdoba, la maravilla de cuento de hadas de la Alhambra, con las rollizas y pequeñas iglesias románicas y los toscos castillos de los nobles -es un decir- Cristianos. La libertad, tolerancia y fertilidad de culturas y pensamiento científico, filosófico y religioso, frente a la tenebrosa represión monolítica de la iglesia crisitiana, que se permitía el derroche de quemar en la hoguera de los herejes a muchas de sus mejores mentes pensantes.

Pero ahora somos Europa. Europa cerrada con llave. Brunet fue un inmigrante pero nunca lo estigmatizaron por ello. Haced este ejercicio: si la historia tuviera que repetirse en estos días, y fuéramos nosotros los que recibiéramos a un nuevo Jules Brunet -pongamos- africano... qué poco se parecería a la historia del último samurai.

Resultados electorales

Resultados electorales

Como decía Epaminondas en su bitácora: "el terror ha votado". El resultado de las elecciones me ha sorprendido enormemente. Todos contábamos con que el pueblo castigaría al fin al PP la fascistada de meternos en una guerra absurda desoyendo nuestros gritos de indignación. Cierto que nadie pensaba ya que el PP fuera a revalidar la mayoría absoluta. Yo estimaba que perdería entre 10 y 15 escaños. Pero nunca imaginé que fuera a descalabrarse perdiendo 35 escaños, y que el PSOE ganaría las elecciones recogiendo la colecta de votos de castigo, hasta alcanzar una mayoría simple gobernable. ¿He dicho 'gobernable'? Ya veremos...

Hasta el 10 de Marzo las encuestas le daban una nítida mayoría al PP, bailando al límite de la mayoría absoluta. Los españoles no estaban suficientemente desencantados. O quizá los votantes indecisos de centro estaban desencantados por igual con la gestión del PP y con la desorganización del PSOE. El voto de la derecha es religiosamente fiel y unitario, mientras que el de la izquierda es plural, fragmentado. Y desengañado. Los votantes de izquierdas nos movemos entre el rechazo a las distintas opciones políticas, y votamos a aquella que nos haya desengañado menos. Muchos se quedan en casa, y la resta de su voto a la izquierda se traduce implícitamente en la suma de un voto a la derecha. Al margen de las aritméticas y álgebras electorales, lo cierto es que hasta el miércoles 10, España votaba PP.

Pero el terror ha votado. Siento que los españoles hayan necesitado que les llevaran el horror a casa, un servicio de entrega de crudas realidades a domicilio, para abrir los ojos y castigar la arrogancia y los errores del PP. Este ataque a la democracia les ha hecho despertar y ha removido las conciencias. Tocaba cambio, pero los españoles que como ciudadanos se indignaban y protestaban, como electores le daban sumisamente la razón con su voto -directo o rebotado- a la gestión del gobierno del PP. "Seguid haciéndolo así de mal; nos da igual, os vamos a seguir votando". Ahora, con la afilada sensación del deber responsable, de querer contribuir con algo a cambiar este asco de realidad, se han dado cuenta por fin de que el voto no sólo puede ser útil sino que también debe ser responsable.

No hay que confundirse. España no ha votado PSOE, ha concentrado en el PSOE su voto útil anti-PP. Los electores no son tan tontos como para olvidar los errores propios del PSOE, todavía desorientado, descoordinado, disperso e inmaduro desde que lo echaron del poder en el 96. Pero este voto de castigo no sólo se ha concentrado en el PSOE, al menos dos autonomías (Cataluña y País Vasco) han votado fundamentalmente nacionalismo. Y no un nacionalismo autonomista o localista, sino soberanista y separatista. El PSOE necesita además el apoyo de estos partidos para gobernar, y me temo que tendrá que pagar un precio alto por esto. Es preocupante el auge y radicalización de los nacionalismos en este país. Pero eso es otra historia, y me la guardo para otra ocasión...

Cierro con esta entrada el luto en mi bitácora. Los ecos del estruendo de las explosiones asesinas siguen resonando, y no hemos olvidado el dolor ni sus consecuencias. Pero creo que hay que continuar y volver a mirar hacia delante; lo contrario sería otorgar a los terroristas el triunfo que buscaban.

Miles de dramas

Miles de dramas

Es imposible imaginarse el drama, las implicaciones de 200 muertes y 1400 heridos, multiplicada por el dolor de sus familiares y conocidos. Uno sólo puede asimilar los dramas individuales, las muestras personales personales de dolor, los testimonios repetidos de los testigos que han tenido el valor de contarlo.

Me quedo con los relatos de quienes acudieron a ayudar y cuentan que tuvieron que apartar cadáveres para auxiliar a los heridos debajo, quedándose con miembros y trozos de cuerpos en la mano al tirar. Aquella víctima que en sus últimos momentos de agonía gritaba: "¡Me muero! ¡Quiero ver a mis hijos!" Aquella otra mujer que ha perdido a toda su familia.

Pero por encima de todo, lo que me produce más horror es la escena que se encontraron los miembros de rescate y asistencias cuando, una vez evacuados los heridos, volvieron a los vagones para comenzar a retirar los cadáveres. Todos habríamos pensado en el terrible silencio que habría amordazado la escena. Pero no, el silencio estaba continuamente acuchillado por los sonidos de llamada de los teléfonos móviles, cuyos dueños ya no podrían atender nunca más. Llamadas de los familiares desesperados y temiéndose lo peor, desgarrándose poco a poco la esperanza contra el muro de silencio. En algún caso contestó algún policía nacional, qué sinistra resultaría la voz para la persona al otro lado del teléfono, que esperaba encontrar la voz de su ser querido.

Esos móviles que sonaban...

Millones de lutos

Millones de lutos

Ayer 11M, por la tarde, fui al teatro con mi novia a ver una función con Rosa María Sardá. No habría ido de no ser porque se trataba de algo muy especial. Mi novia me había regalado la entrada como regalo de Navidad, tres meses antes.

Cuando llegamos al Cervantes nos encontramos a los actores sentados en las escaleras de entrada al teatro. La función se había suspendido, probablemente por decisión de las autoridades del teatro. Reconocimos a Rosa María Sardá, y la acompañaban Mercè Pons y Fernando Guillén. Estaban allí, sentados como unos ciudadanos más, junto con el resto de los miembros del retrato, como muestra de solidaridad, y de respeto ante los espectadores para quienes no iban a poder actuar.

Se mostraron muy llanos y accesibles, hablar con ellos fue como hacerlo con cualquier vecino. Les dio pena que me quedara sin el regalo que mi novia me había hecho con tanto cariño (y anticipación), pero todos coincidían en que los acontecimientos han desbordado la normalidad. No se puede continuar como si no hubiera sucecido nada. No nos supieron decir si volverían por aquí en otras fechas para representar la función que hoy no han podido.

Cuento esto como una muestra diminuta de los millones de lutos que se viven hoy en España. No sólo los oficiales, como cerrar los teatros y suspender actos, sino de los pequeños gestos personales en señor de dolor y respeto que se viven en todas partes. Nunca imaginé hace tres meses, cuando mi novia me sorprendió con el regalo de las entradas, que hoy iba a ser un día de tristeza en vez de celebración. Este es mi luto personal, junto con la emoción que me producen los acontecimientos.

En el fondo me ha alegrado que se suspendiera la función. Me sentía culpable, frívolo, por ir a divertirme en un día como hoy, cuando 1400 víctimas lo están pasando tan mal (más la relación exponencial de familiares y conocidos), y de ellos 192 ya no podrán disfrutar ni sufrir nunca más.

No creo que lea nadie esta página en muchos días -mi audiencia se reduce a unos pocos amigos-, y dudo aun más que la lea ninguna víctima directa o indirecta, familiar o conocido. Pero vaya con ellos mi luto como gesto de respeto, solidaridad y condolencia.

Día de luto

Día de luto

Hoy pensaba publicar una nueva entrada en la bitácora, tras dos semanas sin publicar nada. Pero después de lo que ha ocurrido en Madrid esta mañana, me parecería una frivolidad haber hablado de otra cosa. Dejo hoy mi bitácora cerrada por luto, en solidaridad por las víctimas de la matanza, y también como muestra de mi asco por los asesinos. No hay en toda la naturaleza ejemplos de ningún animal que se comporte con tan tan miserables y bajos instintos.

Y aunque sé que no es el momento, no puedo evitar hacer pública mi reflexión: ¿hasta cuándo vamos a estar jugando a esta guerra de trincheras? Es evidente que los únicos culpables directos de estos asesinatos son los asesinos. Pero del estado de las cosas, de la cruda realidad de confrontación política y social que tenemos en este país, todos somos un poquito responsables. No me interesa tanto la inmensa responsabilidad de los políticos (que es más que evidente, y se les debería caer la cara de vergüenza), sino la de los ciudadanos de a pie. La mía, la tuya y la de cualquier hijo de vecino. ¿Cuál es el trocito de responsabilidad que corresponde a cada uno? ¿Qué es lo que podemos hacer y no estamos haciendo, qué es lo que estamos haciendo mal?

Y como entiendo esta reflexión como individual y hacia uno mismo, la reformularé en sus justos términos: ¿Cuál es mi pequeña porción de responsabilidad? ¿Qué es lo que yo puedo hacer y no estoy haciendo, qué es lo estoy haciendo mal? Tengo mi voz y tengo mi voto. Ojalá pudieran servir de algo. Con mi voto ejerceré mi responsabilidad en democracia. Aunque la opción política en democracia se ha visto reducida a votar con resignación la menos mala de las opciones (y aquí el criterio de cada uno variará, claro), tampoco creo votar a uno u otro partido sirva de mucho para cambiar las cosas. Con mi voz asistiré a las manifestaciones de ciudadanos. Tampoco se me ocurre mucho más que hacer.

Lo único que tengo claro en toda esta miseria es que en todas las confrontaciones, las guerras las hacen los que mandan y las víctimas inocentes las pone el pueblo. De nosotros, los pobrecitos de a pie, depende no seguirles el juego a los poderosos.

Lost in Translation

Lost in Translation

Una comedia romántica de Sofía Copola, dirigida e interpretada con sensibilidad e inteligencia precisas, con una historia y personajes creíble. Bill Murray está contenido y llena el personaje por completo, y la (para mi) desconocida Scarlett Johansson me ha sorprendido por la sinceridad con que resuelve su personaje.

La preciosa fotografía retrata la visión fascinada y distante a la vez que tiene de Tokyo el visitanta extranjero occidental, pasmado ante una cultura tan distinta. El viaje está sazonado con una galería de freakies, que parecen haber sido descubiertos por Jesús Quintero por encargo para la película, que conducen a momentos de humor impagables. Impagable también la cara de seriedad y hastío de Bill Murray, mientras sus comparsas hacen monadas y todo el cine se agita en carcajadas.

Una historia romántica aliñada con toques de humor, ideal para la melancolía que el clima nos ha traído estos días, y una excusa para reflexionar sobre muchos aspectos ¿sagrados? de la vida. Aquí hay una crítica en español, de las muchas que se pueden encontrar en Internet.

Supongo que durará poco en las salas y ya lleva un tiempo en cartelera, no os la perdáis.