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Haddharamma

Caspa galáctica

Caspa galáctica

Parece que vuelve, 20 años después, Galactica, la serie de género de ciencia ficción (subgénero de caspa entrañable) que se emitió en TVE en horario de sobremesa durante algún verano a principio de los ochenta.

No sé si la nueva etapa llegará a funcionar en EEUU, y más improbable aun es que llegue a verse por aquí, pero me ha llamado la atención la resurrección de este clásico. En su día me perdí buena parte de los capítulos porque pasé un mes con unos tios en Toledo, en una casa en medio del campo que no tenía electricidad. Un día mi tio conectó una tele pequeñita a la batería del coche, y pude ver un episodio, que disfruté. Cuando volví del viaje la serie había terminado. Que yo sepa nunca han repuesto y a muchos nos encantaría que volvieran a emitir, aunque fuera en horario de madrugada (para eso están los vídeos).

Por lo que recuerdo la historia era más o menos que los Cylon, unos robots tontorrones dirigidos por una inteligencia superior (aparentemente también robótica) habían arrasado la Tierra y destruido la flota, excepto por una nave gorda, la Battlestar Galactica, que se había librado de la debacle porque andaba distraida en otro lado pasando la ITV. Hasta aquí más o menos viene a ser el episodio piloto, que se llegó a estrenar también en cines como película. La serie de TV comienza en este punto, con la Galactica vagando por el espacio, portando los últimos herederos de la humanidad, en busca de un nuevo planeta que les sirviera de hogar, encontrando por el camino aventuras y mundos extraños (al estilo Star Trek) y andando siempre a la greña con los Cylon. Las aventuras estaban protagonizadas por el teniente Starbuck y el capitán Apollo (dos policías espaciales con maneras de chulos de barrio), y el comandante Adama (un abuelete que, al revés que todo el mundo, se teñía sólo las cejas y conservaba la cabellera canosa).

Los cazas de los buenos se llamaban Bipers, y venían a ser una especie de Ala-X recortado para pobres. El equivalente espacial del coche macarra de Starsky & Hutch. Me gustaban mucho, sobre todo la secuencia del lanzamiento (se ve que por las mañanas estaban fríos y les costaba arrancar, así que los tenían que lanzar por una especie de lanzadera-catapulta), pero me gustaban aun más los cazas de los malos, aunque por supuesto el guión las relegaba a un mero papel de blanco en el tiro al pato de los héroes. Aplíquense todos los tópicos al uso: la proverbial mala puntería y lentitud de los malos; las persecuciones a máxima velocidad en las que, al verse acosado, el héroe forzaba su nave hasta una nueva máxima velocidad mayor, cosa que también hacían los malos y vuelta a empezar; los combates desequilibrados en los que el héroe luchaba contra muchas naves malas, y siempre se las arreglaba para destruir a la mitad y hacer huir al resto (los malos también ayudaban un poquito organizándose en atacar de uno en uno), etc...

Cuando proyectaron la serie yo era un chaval pubescente enamorado de la ciencia ficción barata de este tipo. No tenía aún sentido crítico para darme cuenta de la cutrez de los efectos especiales, y mucho menos de los argumentos (siempre se puede comprender que no se pueden realizar buenos efectos especiales sin un presupuesto generoso, pero para ser capaz de inventar una buena historia sólo hace falta lápiz y papel). Recuerdo vagamente la repetición de argumentos y fragmentos (sobre todo aquellos con efectos especiales), esas puertas cerradas por cortinas (en vez de las puertas neumáticas deslizantes de rigor estilo Star Trek), esos uniformes de boy scouts creciditos, ese comandante de ceño fruncido y teñido, esos eones que nunca supimos a cuántos años equivalían al cambio... Y al final me hice esta pregunta: si los Cylon fueron tan poderosos como para acabar con toda la humanidad y la flota, ¿cómo es que una sola nave superviviente es capaz de tenerlos a raya durante el resto de la historia?

El recuerdo perduró después de haber acabado la serie. Al igual que Mazinger Z o La Batalla de los Planetas, fueron los mitos épicos que marcaron mi pubertad. Pasé muchos ratos jugando con un amigo a construir naves espaciales con sus piezas de Lego (yo nunca tuve ni Lego, ni Tente porque eran muy caros, a pesar de que eran los juguetes con los que más disfrutaba en casa de mis amigos y primos; tenía eso sí Clicks, cuando eran de Famóbil, poca cosa porque sólo recibía un juguete por año, pero con los que también me divertía bastante). Siempre intentábamos construir algo lo más parecido a un Biper, y luego, con las piezas sobrantes, construíamos la nave de los malos cuyo destino ineludible era saltar en pedazos, y solía consistir en un amasijo destartalado de remiendos en el que acababan montadas donde buenamente cayeran todas las piezas que no encajaban en el Biper, y al que llamábamos "Triper" por antagonía a los Biper y porque acababan siendo más grandes que éstos.

Para los que sientan algo de curiosidad nostálgica, aquí tienen un enlace cualquiera, de los muchos que se pueden encontrar con una simple búsqueda en Google. Y de propina, otro enlace a la página de un tal Jeff Russell con una comparativa a escala de las dimensiones de docenas y docenas de naves de ciencia ficción de todo tipo y tamaño.

Y este recuerdo me lleva a otra serie olvidada que emitieron siendo yo mucho más niño, Espacio 1999, pero ésa es otra historia...

Y van...

El sábado volví a tirar el refreco de un amigo. Afortunadamente no era el mismo amigo, ni tampoco el mismo refresco, ni se manchó nadie.

En mi descarga puedo alegar que llevaba puesto el abrigo y las mangas anchas ya se sabe: son muy traicioneras y tienen voluntad propia.

En fin, se ve que lo mío no tiene remedio. ¿Es grave, doctor?

Crueldad Intolerable

Una comedia fresca de los hermanos Cohen, con diálogos rápidos e inteligentes que recuerdan a las comedias clásicas de Billy Wilder, excéntricos personajes secundarios al estilo del Gran Lebowski, humor negro algo disparatado, y estructura de comedia romántica de Rock Hudson.

Y les ha quedado redonda. George Clooney está muy bien en todos los registros del personaje y Catherine Zeta-Jones también hace creíble su papel. La historia está bien desarollada y el guión muy pulido.

Muy recomendable.

P.S. Con esta (re)entrada retomo mi bitácora, que tenía algo dejada últimamente. Me excusaría diciendo que estoy muy liado pero, ¿quién no lo está?

Aventuras en el Palacio (... de Congresos y Exposiciones)

Aventuras en el Palacio (... de Congresos y Exposiciones)

Como no tengo historias fotográficas recientes que contar, os cuento una de las aventurillas de este verano.

En Agosto estuve haciendo unos trabajillos para una empresa que está en el Palacio de Congresos y Exposiciones de la Costa del Sol (Torremolinos). Siempre me ha parecido muy fotogénico, y desde la oficina había unas vistas muy curiosas de la azotea y la cubierta de la cúpula del hall.

Uno de los días tuve que ir por la tarde para terminar el trabajo, junto con un chico de otra empresa que tenía que darme soporte. Puesto que allí tienen jornada intensiva, y sabiendo que a esas horas no habría en las oficinas nadie más que nosotros, eché la mochila con el equipo fotográfico con intención de hacer algunas fotos furtivas cuando termináramos.

Llegué pronto, y viendo que el compañero se retrasaba, decidí aprovechar el momento (y la buena luz). Abrí una de las ventana de la oficina (cosa que me costó un par de forcejeos, porque hay instalación de aire acondicionado y se ve que no la abrían desde hacía tiempo), que además estaba en alto, así que tuve que encaramarme a un mueble archivador bajo, y sacar medio cuerpo fuera, de rodillas sobre el mueble... Cuando estaba terminando llegó el compañero de trabajo y me pilló ejecutando aquella absurda acrobacia. En fin, de perdidos al río, le conté un poco de mi afición fotográfica a modo de justificación y para darle algo de confianza y así aliviar la tensión por la ridiculez de la situación convirtiéndola en cómica, y parece que se lo tomó con humor.

Más tarde necesitaba que mi compañero me hiciera unas tareas, pero estaba ocupado hablando por teléfono, así que aproveché la ocasión para coger el equipo y buscar otros puntos de la oficina desde donde hacer más fotos. Había una buena vista desde las ventanas del recibidor, pero no había nada usable donde encaramarse a las ventanas, y además por allí pasaba gente de tarde en tarde, no quería volver a ser sorprendido haciendo piruetas y esta vez por un perfecto desconocido, o peor aún, por el pistolo del edificio para terminar explicándoselo en el cuarto de seguridad.

Observando me percaté de que había una estrecha y discreta puerta tras unas cortinas, que tenía toda la pinta de conducir o a la azotea, o a un cuarto trastero. Me pudo la curiosidad y para mi fortuna se dieron dos hechos favorables: 1) no estaba cerrada con llave; y 2) conducía a unas escaleritas ascendientes. Me colé por allí y cerré con celeridad, y subí los escalones entusiasmado con las posibilidades fotográficas que me brindaría el acceso a la azotea superior, sin darme cuenta de que mientras los escalones iban ascendiendo, el techo se mantenía a una altura fija, de manera que la altura "libre" del pasadizo se iba reduciendo hasta desembocar al final en una puerta de unos 1,50m de altura.

El coscorrón fue tremendo, casi me caigo para atrás. Es increíble la energía que uno ejerce cuando va subiendo unas escaleras con paso firme, uno no lo siente en los pies al pisar, pero cuando esa misma energía repercute sobre la propia mollera, se toma conciencia instantánea de su magnitud. Mi primer pensamiento tras el aturdimiento fue: "¡uy, con el cabezazo he hecho ruido!, ¿me habrán oído?". Decidí que había sido torpe pero discreto. Aunque el golpe resonó en mi cabeza, darse contra un techo de suena muy poco para un observador próximo, a pesar de lo que siempre nos han enseñado las películas de acción (y en particular en la Bíblia de las Yoyas: las de Bud Spencer y Terence Hill).

Así que una vez tranquilo de no haber sido descubierto, me asaltó mi segundo pensamiento: "Esto duele, y me va a salir un chichón; pero ésta es una cuestión intrascendente comparado con lo peor: ¿se habrá resentido mi calva?" Cada edad tiene sus abundancias y sus carencias inherentes, y a si a los 17 años me faltaba dinero y me sobraba melena, actualmente ando escaso de ambas cosas. Estoy seguro de que me dejé algunos pelillos impresos en el cemento del techo con la violencia del coscorrón, ¡con lo mucho que yo mimo los pocos que me quedan!

Todavía algo resentido me apresuré a abrir el trípode, desplegar el equipo fotográfico y hacer unas cuantas fotos que resultaron interesantes. Luego recogí todo, procurando no dejarme nada. Soy muy despistado, y no era cuestión de tener que volver otro día dando explicaciones al pistolo: "No, que es que yo... este... el otro día... verás, te vas a reir... olvidé un filtro en la mesa de trabajo pero sé positivamente que en realidad unos duendecillos misteriosos me lo han arrebatado y se lo han llevado a su guarida secreta en la azotea, ésa a la que se llega por un pasadizo con un techo engañoso en el que si no vas con cuidado te puedes dejar la calva (prueba irrefutable de que los duendes existen es que el techo está hecho a su medida), y que si no le importa que suba a recogerlo. No, a la comisaría no, yo en realidad me refería a la azotea... verás, que te explico, si al final nos vamos a reir y todo..."

Volví a bajar teniendo esta vez cuidado tanto de no golpearme como de no hacer ruido, y me paré unos segundos en la puerta, a escuchar si había alguien por allí. Si te pillan entrando por una puerta privada siempre puedes decir que ibas buscando el lavabo, pero si te pillan saliendo tras haber pasado varios minutos dentro, es más comprometido hacer creíble la excusa. No se oía a nadie, así que atravesé la puerta con valentía, y por poco me pilla alguien que subía en el ascensor. Apresuré el paso y me metí pronto en la oficina. Lo cierto es que yo no debía haber andado fuera de la oficina para ir a ningún sitio que no fuera al baño, y menos cargado con un voluminoso y vistoso equipo fotográfico. Entre las exploraciones, el golpe y las fotos me había retrasado bastante, y mi compañero, que ya había terminado de hablar por teléfono, llevaba un buen rato esperándome sin saber dónde me había metido. De nuevo tuve que presentarle excusas y contarle una historieta, ni recuerdo qué le dije (aunque desde luego, no fue la verdad).

Pero el verdadero interés arquitectónico del edificio, al margen de la emoción de la aventurilla en la azotea, está en interior del hall principal. El pistolo anda siempre cerca y no da tiempo a hacer fotos furtivas. Así que decidí echarle otro tipo de valor y pedir permiso oficial para hacer fotos. Al día siguiente pregunté a mi cliente (que precisamente es el encargado de gestionar el banco de fotos para su empresa) qué tenía que hacer para conseguir permiso, y como tenemos algo de confianza me dio su consentimiento para dirigirme en su nombre al administrador. Gracias a esta pequeña trampa logré ese permiso sin el menor problema, pude elegir cualquier fecha, y escogí un día festivo, con lo cual aquello estaría desierto y tendría todo el edificio para mí solito.

Fui dos días más tarde, una mañana con el cielo nublado, lo cual me proporcionaba una iluminación suave a través de la cúpula, perfecta para el interior. Esta sesión de fotos tuvo muchas menos aventura, las emociones fueron estrictamente fotográficas.

Estuve haciendo fotos durante casi tres horas, aquello dio para muchas más fotos de las que yo pensaba, tiré un rollo y pico de película, y eso aun tratándose de fotos en las que había que tomarse su tiempo para buscar el ángulo perfecto, medir las luces, situar el trípode con precisión... Al final, cuando ya me iba, decidí ganarme al pistolo dándole un poco de conversación, me intersé por su trabajo allí. Resultó ser muy amable, en la conversación salieron mis conocimientos de informática y me hizo una consulta técnica acerca de un problema con una tarjeta de sonido, le di algunos consejos y parece que le sirvieron.

La anécdota final es que, tras habérmelo "ganado", me comentó que se podían hacer también fotos desde la azotea. Tuve que hacerme el nuevo y preguntar desde qué sitios se podía hacer (en realidad yo ya había hecho fotos de la azotea e iba buscando descubrir si había otras zonas del edificio donde se pudiera acceder a través de otros ocultos pasadizos secretos). Me condujo precisamente a través del camino que yo había descubierto clandestinamente unos días antes, y al pasar por el pasadizo me fijé en si mi incidente había dejado alguna marca. Al comprobar que no, hasta me permití hacerle el comentario del peligro que tenía aquel techo para alguien que subiera distraido. La sensación que tuve debe de ser parecida a la de un ciminal que visita de nuevo la escena del delito, y sintiéndose impune al comprobar que los pensamientos de culpabilidad no son audíbles ni tampoco telepáticos, se permite hacer tranquilamente un comentario al policía de turno.

Siguiendo con la escenificación, tuve que hacer alguna foto para justificar la molestias por la excursión hasta aquel rincón, y procuré apresurarme porque no quedaban allí fotos interesantes que no hubiera hecho ya, y también porque la madre naturaleza había escogido aquella esquina para instalar un avispero, y no era cuestión de tentar más a la suerte, que tan generosa había sido conmigo hasta el momento.

Y aquí acaba la historia. La foto que va adjunta es una de las que hice en el hall principal. Otro día prometo enviar una de las que hice "robadas", que resultaron ser menos interesantes que la historia de cómo logré hacerlas.

Ya está aquí.

La temperatura ha bajado (tengo que ir más abrigado en casa), lleva lloviendo más de una semana (y la pantalla de mi viejo teléfono móvil se vuelve casi ilegible con la humedad), hay poca luz y la casa está en penumbra (y no hay ganas de limpiar, mientras mis gatos pasan casi toda la tarde dormitando, apáticos) y este mes se me acaba el paro.

Ya está aquí octubre, con su otoño, y a pesar de los inconvenientes, o quizá precisamente por ello, me gusta. Salgo a la calle y huele distinto, la luz es distinta, más tenue y gris, y junto con la lluvia viste la ciudad de un traje nuevo, y aunque sea un abrigo algo melancólico, te hace revivir lo cotidiano con las mismas ganas con que sales a pasear estrenando zapatos nuevos.

Ya tendré tiempo de cansarme, ahora estoy estrenando otoño en mi ciudad, y me gusta.

El refresco sabe mejor en vaso. Dentro del vaso.

Como todo el mundo, tengo mis momentos. Y cuando me pongo nervioso se produce el momento Urkel.

Hace dos fines de semana iba de compras con mi novia, cuando nos encontramos casualmente con unos amigos que viven lejos y hacía tiempo que no nos veíamos, así que cambiamos de planes y nos sentamos con ellos a tomar algo. Mientras iba saludando con castos besos me incliné sobre la mesa y... ¿He ssshido yoooooo? Es increíble la capacidad manchatoria de 33cl de puro batido de chocolate, dio para cinco personas (incluido yo mismo). Por algo será que los anuncios demostrativos de detergente nunca los hacen con batido de chocolate. Me puse tan perdido que tuve que bajar al Eroski a comprar una camiseta barata para ponerme algo decente, ya que habíamos quedado más tarde con otra gente. Afortunadamente los pantalones y los zapatos eran oscuros y no se notó mucho, pero mi amigo no tuvo tanta suerte con sus pantalones claros.

Pero es que el sábado pasado reviví aquello de "El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra". Estaba aburrido en el Barsobia donde habíamos ido para que mi novia bailara, y dado que soy objetor de música salsa, por hacer algo con que entretenerme, me encargué de vigilar los bolsos y demás accesorios del grupo, que iba colocando sobre una mesa. Al empujar para hacer sitio para una chaqueta, volqué los bolsos, que por efecto dominó volcaron dos cocacolas... sobre una pareja de inocentes que estaban al otro lado, infelizmente ignorantes de mi los peligros de mi impericia.

Otras personas llevan sus momentos Urkel con más consideración hacia los demás. Mi novia, por ejemplo, tropieza cada dos por tres, pero sabe caerse con gracia sin molestar a nadie; a veces incluso acaba divirtiendo a los transeúntes de alrededor. En cambio yo, que en general procuro ser también una persona muy respetuosa con los extraños, no logro ahorrarles esta faceta mía tan tonta.

Y mira que me lo repito, pero nada, no hay manera de que se me quede: "El refresco está mejor en vaso. Dentro del vaso."

Tiempos modernos

"Tiempos modernos" Charles Chaplin, 1936. En versión restaurada en los cines 'alternativos'.

Absolutamente genial y adorable Chaplin, absolutamente vigente tanto el humor como el tema de fondo, absolutamente recomendable.

A disfrutar.

Estalactitas 1 - Viacal 0

Seguro que no soy el único que se ha sentido defraudado con la publicidad del anuncio.

La última vez que limpié el baño tomé una determinación: si ni el coctel de Don Limpio con Lejía, ni el frotar con vigor con estropajo, ni tener cuidado con las goteras han logrado siquiera rascar las estalactitas cársticas que hay entre la boquilla del grifo y el desagüe del bidé, entonces no me queda más opción que recurrir a la guerra química, aún a riesgo de Bush mande a los Marines para "liberar" mi baño.

Me fui resuelto al Mercadona de confianza y elegí el clónico "Bosque Verde" del viacal (difícil fue la elección entre la versión en gel, en espray y en jabón, que resolví por el sólido y probado algoritmo de escoger una al azar).

Tras leer las instrucciones y hacer caso omiso de evitar el contacto con la piel (tal vez guarde alguna relación con los picores posteriores), he probado con todas las variantes: echarlo directamente, frotar y aclarar, echarlo al estropajo añadiéndolo al cocktel Don Limpio + Lejía y frotar más, echarlo directamente, dejarlo un rato y frotar otro ratito más... Nada de nada: la estalactita sigue incólume, igual que sus hermanas pequeñas en la bañera. Y si no he podido con éstas, que solo eran un ensayo, ni pensarlo con el Dragón Verde Gigante que mora amenazante bajo el grifo de la ducha del aseo.

En fin, tendré que probar nuevas estrategias para afrontar el problema, como el clásico enfoque de la Escuela Americana de Psicología de Garrafón: "La estalactita es tu amiga, cómo superar el trauma en 21 fáciles pasos". O dejar que crezcan hasta formar una gruta subterránea y hacer dinero cobrando por la visita.

En la mesita de noche...

"Los pilares de la Tierra", de Ken Follet

"Black-and-White Photography Masterclass", de John Garrett's

"Diálogos fotográficos imposibles", de Gorka Zumeta

Además, abandonados por ahora, "Conversaciones con Billy Wilder", de Cameron Crowe, "Los hombres don de Marte, las mujeres de Venus", de John Gray y "Inteligencia Emocional", de Daniel Goleman.

Y sí, soy demasiado inquieto por un lado, y lento por otro, como para acometer un libro en pocos días de principio a fin, así que suelo ir picando de muchas cosas a la vez.

Felices lecturas...

Hola mundo

/**
* Hola mundo
*/
public class HolaMundo {

public static void main (String[] args) {
System.out.println("¡Hola mundo!");
}

}