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Haddharamma

En el Estanque Dorado

En el Estanque Dorado Hoy visitamos otro clásico. Descubrí esta joyita en televisión, y me engancha cada vez que la vuelven a pasar. Hace poco la pesqué en DVD y he podido disfrutar de las voces originales. Como siempre, gana. Defensores del doblaje a la lengua patria, recordad: ninguna copia puede mejorar el original. Más bien puede (y suele) perder...

Se trata de la historia de un matrimonio anciano que pasa los veranos en una casita rústica junto a un lago de ensueño. Todo muy bucólico e idílico. Menos las relaciones familiares. Los viejos son opuestos que se atraen, él -Norman- es chinchoso, amargado y agudo; ella -Ethel- es optimista, emprendedora y luminosa. Se trata de una de esas historias en las que no pasa nada espectacular, sólo pequeñas cosas. Pero entre líneas esas pequeñas cosas cuentan mucha más historia de la que se ve.

Katharine Hepburn estaba mayor. El Parkinson (que no disimula, al contrario, emplea para caracterizar al personaje) empezaba a dominarla. Henry Fonda estaba _muy_ mayor. Tanto que se estaba muriendo. Tenía un cáncer terminal y lo sabía. Este sería su último trabajo. Padecía muchos dolores, y sólo disponía de unas dos horas al día para rodar -- el resto del tiempo estaba vencido por el dolor... o sedado por la medicación. Sobre estas vicisitudes estas dos leyendas del cine fueron capaces de dar toda una lección de actuación, interpretando a unos personajes que, por ser mayores, cuentan entre achaques muchas cosas.

Esta es la única película en la que Jane Fonda aparece junto con su padre. Su relación nunca fue buena. Henry Fonda, que tantas veces encarnó el rol de americano-medio-honrado-padre-de-familia, nunca fue un hombre familiar en la vida real. Prefería trabajar o irse de juerga a aburrise en casa. Nunca fue un padre para sus hijos ni un compañero para su esposa. Atentos a las escenas que tienen padre e hija juntos: no están interpretando. Están viviendo.

Henry Fonda murió poco después de terminar el rodaje. No es la primera vez que Katharine Hepburn entierra a su co-protagonista. En Adivina quién viene a cenar (otra joyita imprescindible) despidió a Spencer Tracy -el gran amor de su vida-, que también estaba enfermo terminal durante el rodaje y murió 17 días después de acabar. Katherine nunca fue capaz de ver la película: no podía soportar los recuerdos.

Es el gran espectáculo del cine, uno de los últimos ecos de la época dorada, y un homenaje varios de sus genios.

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