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Haddharamma

Cuento de Navidad

Cuento de Navidad Este año Inma se ha decididod a regalar una perrito a su familia, que echa de menos a uno que estuvieron cuidando un tiempo. Un cachorro en una tienda de animales es un artículo de lujo (tristemente), y además los cokers suelen tener cría sobre estas fechas y los cachorros no se entregan hasta dentro de un mes. Así que pensamos que sería mucho más bonito adoptar un perrito del refugio de animales. El único coker que tenían estaba ya apalabrado, pero cambiaron de opinión y nos llamaron para confirmarnos que si lo queríamos, era nuestro.

Hace una semana me pasé por el refugio a conocer el animal y las instalaciones. Me sorprendió lo bien organizado que tenían aquello. Los animales están en unas condiciones muy dignas, limpios, alimentados y en unos cubículos con cierto espacio. La gente que lo lleva lo hace con tanta devoción como profesionalidad, me parece admirable. La perrita estaba recién operada y estaba todavía atontada, pero se acercó a mí con cariño y nobleza cuando le tendí la mano: me gustó desde el principio. Sus anteriores dueños eran un caso prototípico: familia de padres ocupados que regalan el cachorro a los niños con la promesa de que éstos se ocuparán de él; pero los niños son niños y no quieren responsabilidades, cambian de juguete en cuanto se aburren, y acabaron entregando en el refugio al pobre animal con un año y pico. Al menos no lo dejaron en una carretera para que lo destripara un camión.

Inma trabajaba ayer 24, así que fui yo por la mañana a recogerla. Agradecidos, pagamos (bueno, Inma pagó) la tarifa por la adopción (¿qué son 60 por un animalito que aprende a quererte en cuanto le haces un par de mimos?) más un pequeño donativo (no nos olvidamos de que esto no es una empresa sino una organización caritativa). Cuando salí de allí no me lo terminaba de creer, me sentía raro con una correa en la mano de cuyo extremo tiraba un perrito entusiasmado por estrenar libertad. Bajé andando hasta casa y la subí a la azotea (en mi piso se comería a mis gatos), estuve dándole mimitos y juegos a partes iguales y se encariñó rápidamente. Cuando la fui a cepillar, a pesar de los tirones (tenía el pelaje regular porque los anteriores dueños, aunque no la habían maltratado, tampoco la habían cuidado), se tumbó dócilmente y me facilitó la tarea. Es cariñosa y adorable.

Por la tarde vino Inma a recogerla. Fue frustrante para ella porque se preocupa de adoptar una perrita y ésta pasaba de ella, sólo quería estar conmigo. Me había elegido equivocadamente como su dueño. En el coche se comportó muy bien, se tumbó obediente apoyando la cabeza sobre el regazo de Inma y fue muy tranquila durante el trayecto a Málaga (para ser más exacto: se durmió).

Temíamos cuál sería la reacción de la familia de Inma, para quien iba en definitiva el regalo. La preparamos con un gorrito de papá noel y un gran lazo en el lomo. Tocamos, Inma les dijo: "Este año los Reyes se han adelantado", y la perrilla entró como un torpedo. La acogieron, literalmente, con los brazos abiertos. El hermanos se arrodilló y la abrazó, se emocionó, no se creía que tuviera su propia perrita. La perra es adulta, pero es tan noble y cariñosa que no le hace extraños a nadie que le haga un mimito, en seguida se les estaba rozando. Los padres llegaron después, el padre encantado, y la madre algo reticente (se la va ganando poco a poco; esta mañana la perra ha ido a darle los buenos días a la cama).

Desde ayer han estado malcriando a la perra, con mimos y atenciones y caprichos. Tienen costumbre de salir a comer los días de fiesta, y no piensan dejarse la perra sola en casa. En casa suele estar en brazos del padre mientras ven la tele, además de su pienso le han caído muchas golosinas -hasta jamón del bueno-, y no le falta quien la saque a pasear. Sé que no la abandonarán, ha sido todo un encuentro. Una historia con final feliz.

Por cierto, se llama Kenya, y en la foto posa ya con Inma, su nueva amita.

P.D. Está siendo el día de navidad más feliz que recuerdo en bastante tiempo. Debe de ser el Espíritu Navideño ése del que siempre hablan... los centros comerciales.
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