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Haddharamma

The Ikea Experience

Ayer Inma y yo perdimos la virginidad -- Ikeísticamente hablando. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, alargamos la estancia en Sevilla hasta el lunes y nos dimos una inmersión en Ikea. Nuestro primer Ikea (chispas).

Es difícil describir la emoción iniciática a quién no ha estado (y quien ha estado muchas veces probablemente se le ha desgastado con la rutina). El Ikea para una pareja con "proyecto de futuro" y tarjeta de crédito viene a ser como la Disneylandia del hogar para adultos. Pasamos 4 horas goliendo, explorando, ideando, rebuscando, comparando, almorzando... Ikeando.

Nos contuvimos porque los dos tenemos las casas ya amuebladas, pero si algún día fundamos nuestro hogarcito, tenemos claro de dónde van a salir los muebles auxiliares y complementos (porque, eso sí, para ciertos muebles como sofás y camas, lo vemos cortito de caliá).

También sufres el efecto esto-es-lo-que-yo-iba-buscando-y-no-el-churro-que-me-compré-
-que-encima-me-costó-el-doble
. ¿Recuerdas cuando buscabas una estantería/mesa/mesita/lámpara/silla/cajonera/firloyo_estumepante que tuviera tal y cual, midiera esto por aquello, fuera así y asá, y en este color clarito? Pues existe, estaba todo el tiempo esperándote en Ikea. Pero ya es tarde, así que tomas nota mental para la próxima vez. El cliente que entra en Ikea, es un cliente perdido para la competencia. (Y la verdad es que eso tiene que doler).

En fin, éramos los últimos vírgenes del grupo y al menos ya podemos decir aquello de: "¡Hombreeeee, claro que sí hemos estado, y quepassssada!"

P.S. Por cierto, qué cierto es el principio de: "Cuanto más vida tienes, menos tiempo tienes para contarlo en tu bitácora (y viceversa)."
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