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Haddharamma

¡La hoguera, la hoguera, la hoguera!

A estas alturas de la película, viendo un documental sobre Stephen Hawking, me entero de que Galieo Galilei no murió en la hoguera. Ni tampoco pronunció a la salida del proceso aquella frase lapidaria de: "Eppur si muove" ("Pero se mueve"). Murió plácidamente en su casa a los 78 años por aquello de la edad.

En realidad su historia se ha confundido con la de Giordano Bruno, que sí acabó asado. No obstante la mayor parte de la historia es cierta, y la Iglesia no tiene las manos limpias. A la Santa Inquisición de Roma no le gustaron ni mijita sus trabajos sobre el universo heliocéntrico. Ante la amenaza de la tortura con su correspondiente hoguera, Galileo se vio forzado a jurar obediencia a la Iglesia, confesar haber errado en sus publicaciones, condenar y abjurar de sus propias teorías. Ante tan espontáneo arrepentimiento, el tribunal fue generoso y sólo lo condenaron a prisión perpetua. Aunque finalmente, considerando su edad (con 69 años y ciego) les dio reparo y se la conmutaron por un arresto domiciliario de por vida. El hombre se pasó sus últimos años encerrado en casita. Además pudo seguir desarrollando y publicando sus teorías (sí, a pesar de su ceguera y otros males), aunque en realidad eran silenciosamente censuradas.

Bien mirado, si era tan casero como yo, aquello más que una condena bien pudo haber sido una bendición. Claro que también lo condenaron a leer diariamente 7 salmos. Ya sabía yo que había truco...

Probablemente la Iglesia, más que doblegar la personalidad de Galileo, buscaba restablecer su poder y autoridad ante el pueblo dictando una sentencia ejemplar. Aunque la condena más emblemática de la Inquisición no sea más que un mito, sí que es cierto que sigue teniendo decenas o cientos miles de crímenes en su conciencia. La caza de brujas no fue ninguna invención anticlerical.

Y no sólo quemaron personas. Durante siglos la Inquisición también causó un daño irreparable al conocimiento científico, literario, filosófico y artístico, prohibiendo, persiguiendo y con frecuencia quemando obras, muchas de las cuales se han perdido para siempre. Por mucho de que presuman de que impulsaron y perpetuaron muchas obras, fueron muchas más las que condenaron.

Aunque artículos como éste intentan defender la idea de que no sólo la religión es compatible con la razón y la ciencia, sino que encima la ciencia le debe la vida, lo cierto es que la Iglesia se ha opuesto sistemáticamente a cualquier razón que no le diera la razón. Ha arrollado (siempre que ha estado en sus manos) cualquier cosa que se haya atravesado en su camino.

Además, no es posible sostener racionalmente ninguno de los dogmas de la fe (por ello son "dogmas de fe"). De hecho muchos de ellos son refutables empleando la simple lógica (por ejemplo la omnipotencia de Dios, o las incontables contradicciones de la Biblia) o han sido refutados por la ciencia empírica (por ejemplo el creacionismo). Reduciendo enfrentamiento entre religión y ciencia a su esencia: dogma y razón son mutuamente incompatibles por definición. Intentar conciliar ambos con coherencia es buscar la cuadratura del círculo.

No dejan de sorprenderme ver a matemáticos, científicos, ingenieros y demás expertos cuya principal herramienta mental debiera ser la lógica, que presumiendo de ser ante todo racionales, luego te hacen una defensa convencida no sólo de la religión sino además de la Iglesia. Supongo que deben de ser las secuelas de la educación católica. Siempre he pensado que tanta castración mental no podía ser buena para la salud.

Volviendo al tema principal, es curiosa la cantidad de anécdotas falsas que están comúnmente aceptadas y establecidas. Walt Disney fue enterrado, no criogenizado; a Sir Isaac Newton no se le ocurrió la idea de la Ley de la Gravedad Universal tras caerle una manzana en la cabeza (se retiró a una zona rural con manzanos, pero publicó su teoría muchos años después); la manida frase "Elemental querido Watson" nunca fue pronunciada en las novelas y Bill Gates no inventó el lenguaje BASIC (desarrollado por los matemáticos J.G. Kemeny y To. Kurtzas en 1963, cuando Gates tenía 8 años). Y eso sin entrar en las cuestiones de fe y supersticiones...

En el caso que nos ocupa, la historia verdadera pierde romanticismo del mito: uno de los padres de la ciencia empírica quemado en la hoguera defendiendo valientemente la razón frente al fanatismo obtuso de una jerarquía clerical ciega, sanguinaria y ebria de poder. Tal vez la ciencia también necesita sus mártires...

Así que como soy un romántico, me quedo con la canción de Javier Krahe:

"Pero dejadme, ¡ay!, que yo prefiera
¡la hoguera, la hoguera, la hoguera!
La hoguera tiene, qué se yo,
que sólo lo tiene la hoguera."
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